DEL TOLIMA
LA MADRE AGUA

LA MADRE MONTE
LA PATASOLA













Ese otro espanto que tiene diferente leyendas, según la región.
En la Cordillera Central tiene semejanza a la de Antioquia. Porque la denominan "El Cura sin cabeza", o el "Cura descabezado". En la llanura ardiente del Magdalena figura simplemente como El Fraile y tuvo su origen en la Villa de Purificación.
Los episodios y la leyenda son suministrados por Catalina Loaiza
Mi abuelo Nicanor tenía una casita de campo en la fracción de Hilarco, a orillas del río Magdalena. Yo vivía en la Villa, en el barrio Santa Bárbara, aunque mi familia era de Chancha. Me llevaron al pueblo a estudiar en el mejor colegio que habla para niña, en aquella época.
Vino mi abuelo a verme, porque me encontraba convaleciente de las viruelas que en aquellos meses azotaban la población. Como el anciano me quería mucho, le rogué me llevara unos días a su casita campestre para restablecerme comiendo mucha fruta y aspirando aire puro. Él, gustoso accedió, advirtiéndome que teníamos que madrugar para que no nos lograra el sol, por lo que íbamos a pie. | |
| A las cuatro de la mañana ya estábamos tomándonos la "changua" para coger camino. Nos dirigimos hasta el puerto de "La Barca", para seguir bordeando el río por al sendero trillado que nos llevaba a Hilarco. - ¿Usted no conocía aquel camino? - No, porque me llevaron muy pequeña y por el camino veredal que comunica a Chenche con Hilarco. Salimos del pueblo con la luz de la aurora y nos adentramos por la alameda, recibiendo la brisa, fresca y acariciadora de la mañana. Al llegar a una zanja seca, formada por el cauce de una quebrada que en época de invierno detiene gente, vimos la figura de un cura que corría bajo los árboles y se entraba por el lecho arenoso del riachuelo. Me sorprendí al ver a esta ora a un sacerdote y le pregunté a mi abuelo: "¿Para dónde Irá aquel Padrecito?". "Madrugó más que nosotros". -Mi abuelo para no asustarme respondió- "Irá a confesar e alguien que estará agonizando". | |
- ¿Pero... usted se asustó?
- No, porque no imaginé que aquello fuese espanto. - ...¿No me contó que la aparición del "guando" en Payandesal, se la habían explicado los peones? - Sí señorita. Pero ignoraba que los curas también espantaran. Al llegar a la casita de campo, ya estaban desayunando Pedro el ordeñador y el "bobo" Cirilo. Estos me preguntaron: niña, ¿cómo le pareció el viaje? Yo les respondí: ¡bueno porque madrugamos y nos hizo una mañana espléndida.. ¡ Aunque madrugó más un sacerdote que se entró por la quebrada.. Ambos se rieron a canaladas y agregaron que él siempre madrugaba... aunque a veces le gustaba pasear a altas horas de la noche por aquellos desechos. Al picarme la curiosidad de que un Ministro de Dios anduviese tarde de la noche, o a la madrugada lejos de su parroquia, le pregunté a mi abuelito que si era que aquel cura estaba loco y él me contestó: "Es el alma de un Fraile que lo tiene Dios purgando sus penas en este mundo". "Si me contestas unas preguntas de Historia, te relataré la leyenda de ese espanto". Algo temerosa le respondí: - Pregunta a ver... -El viejo como había estudiado y leído mucho, se acostó en la hamaca fumándose un chicotazo y me disparó el siguiente interrogatorio: - ¿ Quién fundó la Villa de Purificación? - Don Diego de Ospina y Maldonado al 25 de mayo de 1664. - Muy bien. ¿Cómo llamó don Diego, al alto donde está el templo? .. - La Mesa de Las Palmas. - ¿Quién fue su primer Párroco? - Don Francisco de la Arena y Guarnizo. - ¡Ajá! Hasta aquí vas muy bien. ¿Qué Indios habitaban esta región? - Nos han enseñado que los indios Pijaos eran los que habitaban el Tolima. - Te voy a explicar mejor: dejemos a los Pijaos en la cordillera y sus laderas. En la llanura amplia y ardiente vivían varias tribus como las de estas tierras que eran los Poincas o Yaporogos, quienes vivían en continua guerra con las Pijaos; los Panches aunque vivían hacía la margen derecha del Magdalena, sostenían permanente amistad con los Coyaimas, Natagaimas y Yaporogos. Para poder fundar la Villa, necesitaron los españoles el sometimiento da todas estas tribus aprovechando las guerras que sostenían los del llano con los de la cordillera. Para ello enviaron expedicionarios que la mayoría dé las veces eran sanguinarios y no cumplían los pactos convenidos. - Abuelito, ¿cuándo comienza la leyenda de El Fraile? - Ya va a comenzar.., Así que no te duermas; ¡Mucha atención! - ¡Principia, abuelito...! | |
LEYENDA DEL FRAILE
Entre las expediciones que mandaban de Santa Fé, al mando de capitanes y soldados a civilizar estos territorios, muchos eran crueles y arrasaban las sementeras e incendiaban los bohíos de los pobres indios. Sólo cuando venían sacerdotes para administrar los Santos Sacramentos y oficiar la Santa Misa, estos se hacían acompañar por capuchinos o legos para que se entendieran con la ardua tarea de evangelizar. En una de estas comisiones venia un fraile, que gustaba más del juego que comer o que enseñar la doctrina.
Hacia la orilla del río Magdalena donde hoy se levanta el majestuoso puente, construyeron unas chozas llamadas "Elbas" y era el sitio preferido por los tahúres. Las casas reales o viviendas de los colonizadores quedaban en El Alto, cerca a la iglesia, que en aquella época era de bahareque. El "lego" de mi cuento se bajaba todas las noches a las Elbas, a entretenerse en el "juego". El capellán ya habla advertido sus andanzas por las cuales lo sermoneaba constantemente, pero nada había valido. A tanto llegó su descaro, que una noche no habiendo logrado ganar ni una "lupia", apostó el hábito. Como lo perdió, su contendor, ciego de la ira, con arma en mano, lo obligaba a que se despojara de él. El pobre religioso, rojo de furor le rogaba que lo acompañara al campamento, para allí cambiarse y entregárselo. El soldado no accedió, por lo tanto el frailuno le propuso entregárselo en un sitio apartado y solitario, a fin de no hacer público tan vergonzoso caso. Por fin atendió la súplica y se encaminaron por la orilla del río, hacia el sur, por una senda sembrada de guaduales. Cuando llegaron a la zanja de una quebrada, el apóstol se desvistió y entregó el burdo sayalete quedando sólo en interiores, para no salir jamás del monte por no confesar su pecado. El soldado de regreso, riéndose de la pobre situación del capuchino, llegó jactancioso donde sus compañeros de crápula, a burlarse y celebrar con licor su hazaña. Ya borracho el ganador, salió a la orilla del rió y exclamó en voz alta: "¿Para qué quiero yo estos costales sucios y burdos?. ¡Que se los lleve la corriente...!" Y los arrojó a las tranquilas aguas, en medio de las risotadas de los espectadores. - ¿Abuelito, y el Fraile se murió? - Dicen que allí murió de hambre. Lo buscaron por otros sitios, pero a nadie se le ocurrió ir hacia aquel zanjón. Lo cierto es, que a quienes madrugan o pasan a media noche, se aparece en actitud indecisa, como buscando dónde esconderse, para luego ocultares con presteza. Este es más o menos el relato que me hizo el abuelito. ¿Le agradó? - ¡Muchísimo!. Lo que me intriga es saber si la quebradita o el zanjón existen. - El lecho todavía existe. Claro que como ese monte se taló, ya no arrastra bastante caudal de agua, sino en invierno. La quebradita se halla en tierras de la hacienda San Francisco y le pusieron el nombre de El Fraile, por el espanto en aquel lugar. Me tenía en tensión con su relato. - ¿Verdad que es algo raro? - En esto de mitos y leyendas nada os raro. Además, en aquel tiempo las costumbres eran diferentes. - Eso es verdad. - La invito para la próxima entrevista. - Tendré el mayor placer. |
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Por los caminitos limpios y aireados de nuestro Tolima; por las sendas bordeadas de tupidos árboles; por las sierras y colinas sin vegetación; por las crestas de sus cerros; por la llanura solitaria; por sus ríos y veredas; en las ruinas de casas abandonadas; sobre el lomo de nuestras caudalosas corrientes; en las zanjas erosionadas, en fin, por estos vericuetos de nuestro terruño, a altas horas de la noche o al clarear del día. Hemos visto con asombro o con sorpresa una antorcha fulgurante que se mueve asombrosamente de un lado para otro, atravesando considerables distancias. ¡Esa es la candileja!.
Entre el bullicio de las urbes, entre el resplandor de nuestras calles luminosas con sus bombas de mercurio, o entre el asfixiante marco de nuestras calles, no la podemos conocer. Hay que ir al campo solitario, lejos del bullicio de la civilización; hay que tenderse en una hamaca a campo raso, para ver mejor el titilante parpadeo de las estrellas y sentirla soledad y la paz del silencio; hay que estar cerca de las ceibas, de los soberbios cambutos y los majestuosos robles. La Candileja es una bola ígnea de tres hachones o luminarias, con brazos como tentáculos chisporroteantes de un rojo candela, que produce ruido de tiestos rotos. Es admirable ver cómo persigue a los borrachos, a los Infieles y a los padres irresponsables y blandengues. A los viajeros que transitan en horas avanzadas de la noche, por asustarlos, les cae sobre el anca o el cuello de la bestia y algunas veces se aparece chorreando osangre. LEYENDA DE LA CANDILEJA Nuestros progenitores decían que hace muchísimos anos había una anciana que tenia dos nietos a quienes consentía demasiado, tolerándoles hasta las más extrañas ocurrencias, groserías y desenfrenos. Las infantiles ocurrencias llegaron hasta exigirle a la viejita que hiciera el papel de bestia de carga para ensillarla y luego montarla entre los dos; la abuela accedió en el acto para felicidad de sus dos nietos, quienes anduvieron por toda la casa como sobre el más manso cuadrúpedo. Cuando murió la anciana. San Pedro la recriminó por la falta de rigidez en la educación de sus dos pimpollos y la condenó a purgar sus penas en este mundo entre tres llamaradas de candela, que significan: el cuerpo de la anciana y el de los dos nietos. Los abuelos y tatarabuelos, en los hogares de familia numerosa, puede que para escarmiento o como lección moral a sus hijos, repetían esta leyenda con frecuencia, que era el embeleso de las personas mayores y el temor de los pequeños. Algunos campesinos han llegado a confundir su luz con la de las guacas, aunque los bien conocedores dicen que la luz de la Candileja es roja, mientras que la de las guacas es de un amarillo opalino, con tintes pronunciados de azul añil. |
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Es otro personaje mítico del llano ardiente.
Quienes la han visto dicen que es una mujer con la cara huesuda, cabellera revuelta y enlodada, ojos rojizos, vestidos sucios y deshilachados. Lleva entre sus brazos un bultico como de niño recién nacido. No hace mal a la gente, pero causan terror sus quejas y alaridos gritando a su hijo. Las apariciones se verifican en lugares solitarios, desde las ocho de la noche, hasta las cinco de la mañana. Sus sitios preferidos son las quebradas, lagunas y charcos profundos, donde se oye el chapaleo y los ayes lastimeros. Se es aparece a los hombres infieles, a los perversos, a los borrachos, a los jugadores y en fin, a todo ser que ando urdiendo maldades. Este mito es conocido en todas las regiones de Colombia y está generalizado en América, con la diferencia de que cada región tiene su leyenda propia. |
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Es un endriago, vespertino del llano y la cordillera. Las horas preferidas para salir a los caminos son de las seis de la tarde a las nueve de la noche.
Dicen que es una mujer bonita de largos cabellos, ojos electrizantes, una dentadura como de fiera que destroza fácilmente lo mismo aun ser humano que a una vaca o un caballo. Como la dentadura la exhibe siempre, parece que estuviera continuamente riéndose. Prorrumpe unas carcajadas estridentes y destempladas, haciendo estremecer la zona donde se halle. Las gentes ya sean del pueblo o del campo le tienen un pánico desmedido, porque a los caminantes se les aparece en un recodo del sendero, o contra los troncos de los árboles añosos, a la manera de una mujer muy atractiva y seductora, pero que al estar unidos en estrecho abrazo, los tritura ferozmente. |