lunes, 6 de marzo de 2017

               MITOS Y LEYENDAS 
                   DEL TOLIMA 

LA MADRE AGUA 
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LA MADRE MONTE 
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LA PATASOLA 
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                  MITOS Y LEYENDAS 
                     DEL TOLIMA  
LA LLORONA 

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EL MOHAN 
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EL DUENDE 
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                                    MITOS Y LEYENDAS 
                     DEL TOLIMA

LAS BRUJAS  
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EL CAZADOR 
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EL SOMBRERON 
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                 MITOS Y LEYENDAS
                DE EL TOLIMA 

ESTAS SON ALGUNOS DE LOS MITOS Y LEYENDAS QUE PUEDES ENCONTRAR EN EL TOLIMA

IBAGUE MITOS Y LEYENDAS

Colombia es de los países de Latinoamérica que se destaca por su riqueza y patrimonio inmaterial en tradiciones orales; parte de esas tradiciones son los mitos y leyendas que por la basta geografía se enlazan con la vida cotidiana de muchos.

Ibagué y en especial el departamento del Tolima se desprenden muchas de esas tradiciones orales; es aquí donde queremos retomar la tradición y volverla palpable, escrita y rescatarla para Colombia y el mundo. Mitos y leyendas como: El Mohán, La Madremonte, La Llorona, La Patasola, La Madre de agua, La candileja, El Sombrerón.   Las Brujas, El Tunjo, El Cazador, La Mula de Rufles, entre otros

                                                     Textos e Ilustraciones tomados del libro
                                              Bajo el Cielo Hechizado del Tolima   de Blanca Álvarez






Las Brujas
La bruja, es una mujer joven y hermosa que tiene pacto con el diablo, vuela de noche y se transforma en pava o "Pizca". Viven en un claro del bosque, sobre una loma solitaria, limpia de vegetación; generalmente es un peñón calcáreo en un limpio de la llanura denominado "El Peñón de las brujas", "El peladero de las brujas" o "El alto de las brujas". No les causan la muerte a las personas, sus maldades van implicadas con la hechicería cuando se refiere a los males de amor o a la chismografía entre vecinos y personas conocidas




El Sombrerón
El sombrerón, es un espanto nocturno. Consiste en una figura humana de gran tamaño, el cual lleva un sombrero gigante que le abarca desde la cabeza hasta las pantorrillas.
Los trasnochadores que lo han visto o a quienes se les ha presentado. dicen ver la figura que les sale al camino, los hace correr y les va gritando: "SI TE ALCANZO, TE LO PONGO…"




La Mula de Rafles           
La mula de Rafles, Espanto de la Cordillera Central se aparece a los caminantes y a los arrieros, tomando diferentes formas.

Los arrieros le tienen pavor porque apenas perciben el casqueteo de la mula, con el crujir de los arreos, se forma un vendaval o huracán muy fuerte, que hacia desbandar la recua por los rodaderos, ocasionando la muerte de los animales y la pérdida del producto que trasportaban.


El Mohan o Poira

El Mohan o Poira, es el más importante entre los mitos del Tolima Grande. En algunas regiones le dicen Poira; para algunos es una divinidad acuática, para otros es un espíritu maléfico que causa muchos daños imperdonables.

Dicen, que es un personaje monstruoso, cubierto de pelaje abundante, que más parece que estuviera envuelto en una larga cabellera; tiene manos grandes, con uñas largas y afiladas como las de una fiera.



La Madremonte
La madremonte, los campesinos y leñadores que la han visto, dicen que es una señora corpulenta, elegante, vestida de hojas frescas y musgo verde, con un sombrero alón, cubierto de hojas y plumas verdes. No se le puede apreciar el rostro porque la ramazón del sombrero la opacan.
Hay mucha gente que conoce sus gritos o bramidos en noches oscuras y de tempestad peligrosa.





La Llorona
La llorona, quienes la han visto dicen que es una mujer con la cara huesuda, cabellera revuelta y enlodada, ojos rojizos, vestidos suelos y deshilachados. Lleva entre sus brazos un bultico como de niño recién nacido, No hace mal a la gente, pero causan terror sus quejas y alaridos gritando a su hijo.




La Patasola

La patasola, habita entre la maraña espesa de la selva virgen, en las cumbres de la cordillera, en los bosques solitarios o en los montes más espesos de la llanura. Con la única pata que tiene avanza con rapidez asombrosa. Es el endriago más temido por colonos, mineros, cazadores, caminantes, agricultores y leñadores.   




Madre de Agua

Madre de agua, cuentan los ribereños, los pescadores, los bogas y vecinos de los grandes ríos, quebradas y lagunas, que los niños predispuestos al embrujo de la Madre de Agua, siempre sueñan o deliran con una niña bella y rubia que los llama y los invita a un paraje tapizado de flores y un palacio con muchas escalinatas, adornando con oro y piedras preciosas.



La Candileja
La Candileja es una bola ígnea de tres hachones o luminarias, con brazos como tentáculos chisporroteantes de un rojo candela, que produce ruido de tiestos rotos.
Es admirable ver cómo persigue a los borrachos, a los infieles y a los padres irresponsables y blandengues. A los viajeros que transitan en horas avanzadas de la noche, por asustarlos, les cae sobre el anca o el cuello de la bestia. Algunas veces se aparece chorreando sangre.



El Tunjo

El tunjo es un muñeco de oro. Aseguran algunos que estas pequeñas estatuillas las labraban los indios pijaos. Otros dicen que son trucos de que se vale el diablo para engañar a los avaros y codiciosos y así ganar sus almas.






El Cazador

El cazador, esta leyenda está más acentuada en la región montañosa, aunque el hecho tuvo lugar a la orilla del río Grande, por perseguir a un venado manso y hermoso, un viernes de semana santa, el cazador lo seguía, lo seguía, hasta que llegó a la montaña cuando las tinieblas de la noche dominaban la tierra.. La montaña abrió sus fauces horripilantes, el cazador penetró ... y nunca más volvió a salir de ella. Dicen que la montaña lo devoró.

lunes, 27 de febrero de 2017

            MITOS Y LEYENDAS DEL 
             TOLIMA LA MADRE AGUA 

La Madre de Agua


Es un ser anfibio que prefiere vivir la mayor parte del tiempo bajo el agua. Allí, en las profundidades de los ríos, entre las algas, recorre sus viviendas de obsidiana y de despojos de crustáceos. En este lugar, como una ninfa acuátil, apoyada en un bastón de coral,desteje la red de su amargura. Con la mirada perdida busca a su joven amante indio, al hijo que fuera arrojado a la corriente por el abuelo español que nunca aprobó su amor por el aborigen.
Madre del río, pequeña sonámbula de los silenciosos arrecifes, además de su inclinación por la transparencia, las nubes y los pájaros, la Madre de Agua desea a los niños. Con sonidos de caracol, con mensajes de mariposa de cristal, con ramos de flores blancas que alumbran en recámaras de sílice, los atrae hasta el borde del río.
Aquellos que han visto los visajes de su rostro, en los espejos del agua, enferman y sin poder olvidar corren al abismo en busca de los cabellos de oro y del espejismo de la cantora de ojos azules.
            MITOS Y LEYENDAS DEL 
                TOLIMA EL FRAILE
Ese otro espanto que tiene diferente leyendas, según la región.

En la Cordillera Central tiene semejanza a la de Antioquia. Porque la denominan "El Cura sin cabeza", o el "Cura descabezado". En la llanura ardiente del Magdalena figura simplemente como El Fraile y tuvo su origen en la Villa de Purificación.
Los episodios y la leyenda son suministrados por Catalina Loaiza
Mi abuelo Nicanor tenía una casita de campo en la fracción de Hilarco, a orillas del río Magdalena. Yo vivía en la Villa, en el barrio Santa Bárbara, aunque mi familia era de Chancha. Me llevaron al pueblo a estudiar en el mejor colegio que habla para niña, en aquella época.
Vino mi abuelo a verme, porque me encontraba convaleciente de las viruelas que en aquellos meses azotaban la población.
Como el anciano me quería mucho, le rogué me llevara unos días a su casita campestre para restablecerme comiendo mucha fruta y aspirando aire puro. Él, gustoso accedió, advirtiéndome que teníamos que madrugar para que no nos lograra el sol, por lo que íbamos a pie.
A las cuatro de la mañana ya estábamos tomándonos la "changua" para coger camino. Nos dirigimos hasta el puerto de "La Barca", para seguir bordeando el río por al sendero trillado que nos llevaba a Hilarco.
- ¿Usted no conocía aquel camino?
- No, porque me llevaron muy pequeña y por el camino veredal que comunica a Chenche con Hilarco. Salimos del pueblo con la luz de la aurora y nos adentramos por la alameda, recibiendo la brisa, fresca y acariciadora de la mañana. Al llegar a una zanja seca, formada por el cauce de una quebrada que en época de invierno detiene gente, vimos la figura de un cura que corría bajo los árboles y se entraba por el lecho arenoso del riachuelo. Me sorprendí al ver a esta ora a un sacerdote y le pregunté a mi abuelo: "¿Para dónde Irá aquel Padrecito?". "Madrugó más que nosotros". -Mi abuelo para no asustarme respondió- "Irá a confesar e alguien que estará agonizando".
                              Elfraile                             


- ¿Pero... usted se asustó?
- No, porque no imaginé que aquello fuese espanto.
- ...¿No me contó que la aparición del "guando" en Payandesal, se la habían explicado los peones?
- Sí señorita. Pero ignoraba que los curas también espantaran.
Al llegar a la casita de campo, ya estaban desayunando Pedro el ordeñador y el "bobo" Cirilo. Estos me preguntaron: niña, ¿cómo le pareció el viaje? Yo les respondí: ¡bueno porque madrugamos y nos hizo una mañana espléndida.. ¡ Aunque madrugó más un sacerdote que se entró por la quebrada.. Ambos se rieron a canaladas y agregaron que él siempre madrugaba... aunque a veces le gustaba pasear a altas horas de la noche por aquellos desechos.
Al picarme la curiosidad de que un Ministro de Dios anduviese tarde de la noche, o a la madrugada lejos de su parroquia, le pregunté a mi abuelito que si era que aquel cura estaba loco y él me contestó: "Es el alma de un Fraile que lo tiene Dios purgando sus penas en este mundo". "Si me contestas unas preguntas de Historia, te relataré la leyenda de ese espanto". Algo temerosa le respondí:
- Pregunta a ver... -El viejo como había estudiado y leído mucho, se acostó en la hamaca fumándose un chicotazo y me disparó el siguiente interrogatorio:
- ¿ Quién fundó la Villa de Purificación?
- Don Diego de Ospina y Maldonado al 25 de mayo de 1664.
- Muy bien. ¿Cómo llamó don Diego, al alto donde está el templo? ..
- La Mesa de Las Palmas.
- ¿Quién fue su primer Párroco?
- Don Francisco de la Arena y Guarnizo.
- ¡Ajá! Hasta aquí vas muy bien. ¿Qué Indios habitaban esta región?
- Nos han enseñado que los indios Pijaos eran los que habitaban el Tolima.
- Te voy a explicar mejor: dejemos a los Pijaos en la cordillera y sus laderas. En la llanura amplia y ardiente vivían varias tribus como las de estas tierras que eran los Poincas o Yaporogos, quienes vivían en continua guerra con las Pijaos; los Panches aunque vivían hacía la margen derecha del Magdalena, sostenían permanente amistad con los Coyaimas, Natagaimas y Yaporogos. Para poder fundar la Villa, necesitaron los españoles el sometimiento da todas estas tribus aprovechando las guerras que sostenían los del llano con los de la cordillera. Para ello enviaron expedicionarios que la mayoría dé las veces eran sanguinarios y no cumplían los pactos convenidos.
- Abuelito, ¿cuándo comienza la leyenda de El Fraile?
- Ya va a comenzar.., Así que no te duermas; ¡Mucha atención!
- ¡Principia, abuelito...!



LEYENDA DEL FRAILE

Entre las expediciones que mandaban de Santa Fé, al mando de capitanes y soldados a civilizar estos territorios, muchos eran crueles y arrasaban las sementeras e incendiaban los bohíos de los pobres indios. Sólo cuando venían sacerdotes para administrar los Santos Sacramentos y oficiar la Santa Misa, estos se hacían acompañar por capuchinos o legos para que se entendieran con la ardua tarea de evangelizar. En una de estas comisiones venia un fraile, que gustaba más del juego que comer o que enseñar la doctrina.

Hacia la orilla del río Magdalena donde hoy se levanta el majestuoso puente, construyeron unas chozas llamadas "Elbas" y era el sitio preferido por los tahúres. Las casas reales o viviendas de los colonizadores quedaban en El Alto, cerca a la iglesia, que en aquella época era de bahareque.

El "lego" de mi cuento se bajaba todas las noches a las Elbas, a entretenerse en el "juego". El capellán ya habla advertido sus andanzas por las cuales lo sermoneaba constantemente, pero nada había valido.
A tanto llegó su descaro, que una noche no habiendo logrado ganar ni una "lupia", apostó el hábito. Como lo perdió, su contendor, ciego de la ira, con arma en mano, lo obligaba a que se despojara de él. El pobre religioso, rojo de furor le rogaba que lo acompañara al campamento, para allí cambiarse y entregárselo. El soldado no accedió, por lo tanto el frailuno le propuso entregárselo en un sitio apartado y solitario, a fin de no hacer público tan vergonzoso caso. Por fin atendió la súplica y se encaminaron por la orilla del río, hacia el sur, por una senda sembrada de guaduales. Cuando llegaron a la zanja de una quebrada, el apóstol se desvistió y entregó el burdo sayalete quedando sólo en interiores, para no salir jamás del monte por no confesar su pecado.

El soldado de regreso, riéndose de la pobre situación del capuchino, llegó jactancioso donde sus compañeros de crápula, a burlarse y celebrar con licor su hazaña. Ya borracho el ganador, salió a la orilla del rió y exclamó en voz alta: "¿Para qué quiero yo estos costales sucios y burdos?. ¡Que se los lleve la corriente...!" Y los arrojó a las tranquilas aguas, en medio de las risotadas de los espectadores.

- ¿Abuelito, y el Fraile se murió?
- Dicen que allí murió de hambre. Lo buscaron por otros sitios, pero a nadie se le ocurrió ir hacia aquel zanjón. Lo cierto es, que a quienes madrugan o pasan a media noche, se aparece en actitud indecisa, como buscando dónde esconderse, para luego ocultares con presteza.
Este es más o menos el relato que me hizo el abuelito. ¿Le agradó?
- ¡Muchísimo!. Lo que me intriga es saber si la quebradita o el zanjón existen.
- El lecho todavía existe. Claro que como ese monte se taló, ya no arrastra bastante caudal de agua, sino en invierno. La quebradita se halla en tierras de la hacienda San Francisco y le pusieron el nombre de El Fraile, por el espanto en aquel lugar.
Me tenía en tensión con su relato.
- ¿Verdad que es algo raro?
- En esto de mitos y leyendas nada os raro. Además, en aquel tiempo las costumbres eran diferentes.
- Eso es verdad.
- La invito para la próxima entrevista.
- Tendré el mayor placer.

              MITOS Y LEYENDAS DEL
               TOLIMA LA CANDILEJA
LA CANDILEJA



16rcandileja
      
Por los caminitos limpios y aireados de nuestro Tolima; por las sendas bordeadas de tupidos árboles; por las sierras y colinas sin vegetación; por las crestas de sus cerros; por la llanura solitaria; por sus ríos y veredas; en las ruinas de casas abandonadas; sobre el lomo de nuestras caudalosas corrientes; en las zanjas erosionadas, en fin, por estos vericuetos de nuestro terruño, a altas horas de la noche o al clarear del día. Hemos visto con asombro o con sorpresa una antorcha fulgurante que se mueve asombrosamente de un lado para otro, atravesando considerables distancias. ¡Esa es la candileja!.
Entre el bullicio de las urbes, entre el resplandor de nuestras calles luminosas con sus bombas de mercurio, o entre el asfixiante marco de nuestras calles, no la podemos conocer. Hay que ir al campo solitario, lejos del bullicio de la civilización; hay que tenderse en una hamaca a campo raso, para ver mejor el titilante parpadeo de las estrellas y sentirla soledad y la paz del silencio; hay que estar cerca de las ceibas, de los soberbios cambutos y los majestuosos robles.
La Candileja es una bola ígnea de tres hachones o luminarias, con brazos como tentáculos chisporroteantes de un rojo candela, que produce ruido de tiestos rotos.
Es admirable ver cómo persigue a los borrachos, a los Infieles y a los padres irresponsables y blandengues. A los viajeros que transitan en horas avanzadas de la noche, por asustarlos, les cae sobre el anca o el cuello de la bestia y algunas veces se aparece chorreando osangre.


LEYENDA DE LA CANDILEJA

Nuestros progenitores decían que hace muchísimos anos había una anciana que tenia dos nietos a quienes consentía demasiado, tolerándoles hasta las más extrañas ocurrencias, groserías y desenfrenos. Las infantiles ocurrencias llegaron hasta exigirle a la viejita que hiciera el papel de bestia de carga para ensillarla y luego montarla entre los dos; la abuela accedió en el acto para felicidad de sus dos nietos, quienes anduvieron por toda la casa como sobre el más manso cuadrúpedo. Cuando murió la anciana. San Pedro la recriminó por la falta de rigidez en la educación de sus dos pimpollos y la condenó a purgar sus penas en este mundo entre tres llamaradas de candela, que significan: el cuerpo de la anciana y el de los dos nietos.
Los abuelos y tatarabuelos, en los hogares de familia numerosa, puede que para escarmiento o como lección moral a sus hijos, repetían esta leyenda con frecuencia, que era el embeleso de las personas mayores y el temor de los pequeños.
Algunos campesinos han llegado a confundir su luz con la de las guacas, aunque los bien conocedores dicen que la luz de la Candileja es roja, mientras que la de las guacas es de un amarillo opalino, con tintes pronunciados de azul añil.
             MITOS Y LEYENDAS DEL
                      TOLIMA LA LLORONA
La Llorona

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Es otro personaje mítico del llano ardiente.
Quienes la han visto dicen que es una mujer con la cara huesuda, cabellera revuelta y enlodada, ojos rojizos, vestidos sucios y deshilachados. Lleva entre sus brazos un bultico como de niño recién nacido. No hace mal a la gente, pero causan terror sus quejas y alaridos gritando a su hijo.
Las apariciones se verifican en lugares solitarios, desde las ocho de la noche, hasta las cinco de la mañana. Sus sitios preferidos son las quebradas, lagunas y charcos profundos, donde se oye el chapaleo y los ayes lastimeros. Se es aparece a los hombres infieles, a los perversos, a los borrachos, a los jugadores y en fin, a todo ser que ando urdiendo maldades.
Este mito es conocido en todas las regiones de Colombia y está generalizado en América, con la diferencia de que cada región tiene su leyenda propia.

LEYENDA DE LA LLORONA

Durante la guerra civil, en la época del doctor José Ignacio de Márquez con motivo de las pretensiones del presidente ecuatoriano Juan José Flórez de quitarle a nuestra patria los territorios que hoy forman los departamentos de Nariño, Cauca y Valle, se estableció en la Villa de las Palmas, o Purificación, un Comando General, donde concentraban gentes de distintas partes del país.
Uno de sus capitanes, de conducta poco recomendable y que encontraba en la guerra una aventura divertida para desahogar su pasado luctuoso de asaltos y crímenes, se instaló con su esposa en esta villa, que al poco tiempo abandonó para seguir en la lucha.
Su afligida y abandonada mujer se dedicó a la modistería para no morir de hambre mientras su marido volvía y terminaba la guerra.
Al correr del tiempo las gentes hicieron circular la noticia de la muerte del capitán y la pobre señora guardó luto riguroso hasta que se le presentó un soldado que formaba parte del batallón de reclutas que venían de la capital hacia el sur, pero que por circunstancias especiales, debía demorar en aquella localidad algunas semanas.
La viuda convencida de las aseveraciones sobre la muerte de su marido, creyó encontrar en aquel nuevo amor un lenitivo para su pena, aceptó al joven, e intimó con él.
Los días de locura pasional pasaron veloces y, nuevamente la costurera quedó saboreando el abandono, la soledad, la pobreza y sorbiéndose las lágrimas por la ausencia de su amado.
Aquella aventura dejó huellas imborrables en la atribulada mujer, porque a los pocos días sintió palpitar en sus entrañas el fruto de su amor.
El tiempo trascurría sin tener noticias de su bien amado. La añoranza se tornaba tierna al comprobar que se cumplían las nueve lunas de su gestación.
Un batallón de combatientes regresaba del sur el mismo día que la costurera daba a luz un niño flacuchento y pálido.
Aquel cuartucho silencioso y pobre se alegró con el llanto del pequeñín.
Al atardecer de aquel mismo día, llegó corriendo a su casa, una vecina amiga, a informarle que su esposo el capitán, no había muerto, porque sin temor a equivocarse, lo acababa de ver entre el cuerpo de tropa que arribaba al campamento.
En tan importuno momento, esa noticia era como pare desfallecer, no por el caso que pocas horas antes había soportado, como por el agotamiento físico en que se encontraba. Miles de pensamientos fluían a su mente febril. ¿Qué le diría al iracundo esposo cuando le preguntase de quién era aquel niño?. ¿Lo convencerla de la noticia que circuló sobre su muerte?. ¿Aceptaría su falta justificándola a su estado de soledad y abandono? ¡No!. Ella lo conocía muy bien. Era un hombre duro y cruel. ¿Llegaría a su vivienda aquella noche...? ¿Demoraría en llegar...? ¿Qué hacer...? ¿Esperarlo?. Pero... ¿Si en su ira demoníaca le llegara a matar a su hijo? ¡Nooo! Pobre pedazo de su corazón atormentado...! ¡Qué horror...! Ella no lo soportaría..
Ya su cerebro era un volcán en erupción... Ya no reflexionaba. En su mente débil se forjó una idea: ¡Huir!... Sí, Huir... Se levantó decidida de su cama. Se colocó un ropón deshilachado, sobre sus hombros, cogió al recién nacido, lo abrigó bien, le agarró fuertemente contra su pecho creyendo que se lo arrebataban y, sin cerrar puertas ni ventanas abandonó la choza, corriendo con dificultad. Se encaminó por el sendero oscuro bordeado de arbustos, y protegida por el manto negro de la noche.
Gruesas gotas de lluvia empezaron, a caer.., seguía corriendo... ¿hacia dónde...? ¡Ni ella misma lo sabia...! Los nubarrones eran más densos.., seguía lloviendo... La tempestad se desató con furia. La luz de los relámpagos le iluminaba el camino. La naturaleza se sacudía con estertores de muerte. La demente lloraba. Los arroyos crecieron.., se desbordaron. Al terminar la vereda encontró el primer riachuelo "fuera de madre", pero ya le mujer no veía. Penetró a la corriente impetuosa que la arrolló rápidamente. Las aguas bramaron. En sus estrepitosos rugidos parecía percibirse el lamento de una mujer... ¡Ay... mi hijo...! ¡Ay... mi hijo...!
Pasó la tormenta y sólo quedó flotando en el aire frío y erizante el "graznido del trespiés" entre la copa húmeda de uno de los caracolies de la orilla de la quebrada. Era el canto agorero del ave que anunciaba una desgracia.
               MITOS Y LEYENDAS DEL 
                   TOLIMA LA MUELONA 

La Muelona



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Es un endriago, vespertino del llano y la cordillera. Las horas preferidas para salir a los caminos son de las seis de la tarde a las nueve de la noche.

Dicen que es una mujer bonita de largos cabellos, ojos electrizantes, una dentadura como de fiera que destroza fácilmente lo mismo aun ser humano que a una vaca o un caballo. Como la dentadura la exhibe siempre, parece que estuviera continuamente riéndose. Prorrumpe unas carcajadas estridentes y destempladas, haciendo estremecer la zona donde se halle.
Las gentes ya sean del pueblo o del campo le tienen un pánico desmedido, porque a los caminantes se les aparece en un recodo del sendero, o contra los troncos de los árboles añosos, a la manera de una mujer muy atractiva y seductora, pero que al estar unidos en estrecho abrazo, los tritura ferozmente.


Casi siempre persigue a los jugadores empedernidos, a los infieles, a los alcohólicos a los perversos, fementidos y adúlteros.
Los prevenidos, que tienen conocimiento de las maldades de este endriago, llevan consigo el escapulario de la Virgen del Carmen, o las medidas del Santo Cristo y la medalla de San Isidro.
Los campesinos dicen que los hogares que se libran de ella, son los que tienen niños reden nacidos, o mujeres que van a ser madres.


LEYENDA DE LA MUELONA

Cuentan los cronistas que en la Epoca de la Colonia, se diseminaron por el país las mujeres españolas, que aunque muchas eran buenas, el resto era de pésimos antecedentes. Algunas de estilo gitana eran perversas corruptoras que ocasionaron perjuicios lamentables a familias modestas, engañando niñas inocentes y arruinando a hombres que poseían cuantiosas fortunas.
Una de tantas, con el mote de "Maga", estableció su negocio resolviendo consultas amorosas, arreglando, o mejor, desbaratando matrimonios, echando e! naipe, leyendo las lineas de la mano, en fin, todo lo que fueran artimañas. Cuando conoció mucha gente y tenía mucha clientela, ensanchó el negocio con una casa de diversión; allí conquistaba cándidas palomas y limpiaba los bolsillos de altos representantes del rey de España, no dejando de lado "los criollos" más adinerados.
La suma de atrocidades cometidas por la pérfida mujer fueran incontables. Ella enseñó a las jóvenes a evitar la maternidad; cayó la ruindad en centenares de hogares; se acotaron ingentes fortunas y vino como consecuencia la depravación, las enfermedades venéreas y esposas abandonadas.

Cuando murió la disoluta maga', la casa se llenó de un olor nauseabundo, hasta el punto de tener que abandonarla inmediatamente.
Una de las mujeres preferidas por la muerta se arriesgó a quedarse aquella noche para recoger algunos utensilios, trajes y joyas.
Apenas apagó la bujía para acostarse, una bandada de vampiros invadió la estancia y una voz cavernosa se oyó en el dormitorio: tengo que vengarme de los hombres jugadores y perniciosos ¡Malditos...! ¡De las mujeres livianas y descocadas...! ¡Malditas...! ¡Fueron mis victimas en la tierra...! ¡Lo serán conmigo en el infierno... ¡Soy la Muelonaaa! ¡Óiganlo bien...! ¡Malditos... ¡
La indefensa mujer no podía prender el candil porque el aleteo de los quirópteros apagaban la yesca, a la vez que le azotaban la cara. Ya desesperada y horrorizada salió gateando a la calle, para contar alarmada lo que acababa de presenciar.
Las autoridades tuvieron que prender fuego a la casa maldita, para dar paz y tranquilidad a los vecinos quienes vivían inquietos y mortificados con aquella casa de escándalos y vicios.