TOLIMA LA CANDILEJA
LA CANDILEJA
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Por los caminitos limpios y aireados de nuestro Tolima; por las sendas bordeadas de tupidos árboles; por las sierras y colinas sin vegetación; por las crestas de sus cerros; por la llanura solitaria; por sus ríos y veredas; en las ruinas de casas abandonadas; sobre el lomo de nuestras caudalosas corrientes; en las zanjas erosionadas, en fin, por estos vericuetos de nuestro terruño, a altas horas de la noche o al clarear del día. Hemos visto con asombro o con sorpresa una antorcha fulgurante que se mueve asombrosamente de un lado para otro, atravesando considerables distancias. ¡Esa es la candileja!.
Entre el bullicio de las urbes, entre el resplandor de nuestras calles luminosas con sus bombas de mercurio, o entre el asfixiante marco de nuestras calles, no la podemos conocer. Hay que ir al campo solitario, lejos del bullicio de la civilización; hay que tenderse en una hamaca a campo raso, para ver mejor el titilante parpadeo de las estrellas y sentirla soledad y la paz del silencio; hay que estar cerca de las ceibas, de los soberbios cambutos y los majestuosos robles. La Candileja es una bola ígnea de tres hachones o luminarias, con brazos como tentáculos chisporroteantes de un rojo candela, que produce ruido de tiestos rotos. Es admirable ver cómo persigue a los borrachos, a los Infieles y a los padres irresponsables y blandengues. A los viajeros que transitan en horas avanzadas de la noche, por asustarlos, les cae sobre el anca o el cuello de la bestia y algunas veces se aparece chorreando osangre. LEYENDA DE LA CANDILEJA Nuestros progenitores decían que hace muchísimos anos había una anciana que tenia dos nietos a quienes consentía demasiado, tolerándoles hasta las más extrañas ocurrencias, groserías y desenfrenos. Las infantiles ocurrencias llegaron hasta exigirle a la viejita que hiciera el papel de bestia de carga para ensillarla y luego montarla entre los dos; la abuela accedió en el acto para felicidad de sus dos nietos, quienes anduvieron por toda la casa como sobre el más manso cuadrúpedo. Cuando murió la anciana. San Pedro la recriminó por la falta de rigidez en la educación de sus dos pimpollos y la condenó a purgar sus penas en este mundo entre tres llamaradas de candela, que significan: el cuerpo de la anciana y el de los dos nietos. Los abuelos y tatarabuelos, en los hogares de familia numerosa, puede que para escarmiento o como lección moral a sus hijos, repetían esta leyenda con frecuencia, que era el embeleso de las personas mayores y el temor de los pequeños. Algunos campesinos han llegado a confundir su luz con la de las guacas, aunque los bien conocedores dicen que la luz de la Candileja es roja, mientras que la de las guacas es de un amarillo opalino, con tintes pronunciados de azul añil. |

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